Patrimonialización Participativa y Comunitaria: El caso de un paraje rural de la Provincia de Buenos Aires

 ¡Hola! Hoy en ViviendoPatrimonio nos salimos de ese plano “más formal” del PCI reconocido por los Estados y la UNESCO al que aludimos en la anterior entrada al tratar las medidas de salvaguardia de la UNESCO contenidas en las dos listas, para viajar ahora a un plano “más informal”: el del patrimonio cultural local, que tiene que ver con ese ámbito de lo cotidiano, con la memoria individual y colectiva.

En esta entrada queremos dar a conocer un caso de patrimonialización  participativa y comunitaria en donde ponemos escena el trabajo realizado por una Comisión integrada por vecinos como un espacio de consensos pero también de disputas por intereses e identificaciones que reflejan las diferencias entre los grupos que la conformaron y, en donde, la memoria colectiva ocupó un lugar clave y necesario para converger en el fin común: la puesta en valor y activación del almacén de ramos generales “El Gavilán” que hoy te contaremos.

¡Muy buena Lectura!

 

La Patrimonialización Participativa y Comunitaria de un bien local rural
 

1 Introducción

Este artículo surge de un trabajo más amplio que realizamos durante los años 2017 y 2018 con el objetivo de recuperar y registrar la memoria colectiva de quienes estuvieron vinculados con almacén de ramos generales del paraje de “El Gavilán” hasta su cierre en el año 1982 y todas las actividades relacionadas con aquella cotidianeidad que conforman su patrimonio inmaterial: la tradición agrícola ganadera, la vida en el almacén, las festividades, el club de fútbol, los lazos de vecindad, la escuela y en definitiva el estilo de vida que los informantes llaman “campero”. La memoria colectiva dio cuenta de su incidencia fundamental en el proceso de patrimonialización de ese bien que se encontraba en ruinas.

En la entrada de hoy, nos interesa centrarnos en el proceso de patrimonialización participativo y comunitario que se dio durante un período de diez años consecutivos convirtiéndose en un caso paradigmático dentro del Partido de Coronel Pringles. Para lograr el objetivo propuesto, contextualizaremos muy brevemente el paraje, mencionaremos a continuación el punto de partida de toda patrimonialización, la selección del bien cultural para dar paso luego, a la conformación de la Comisión de Festejos del Gavilán creada con la finalidad de restaurar el almacén de ramos generales y las acciones desplegadas para para poner en valor y activar el edificio patrimonial. Seguidamente, reflexionaremos sobre el lugar que ocuparon los actores respecto de esa patrimonialización en la que se visibiliza el almacén como espacio de consensos pero también de disputas con intereses e identificaciones diferentes, en el que la memoria colectiva devino una herramienta clave para cargar de significaciones, valoración, sentido y sostenibilidad al proyecto pero que, a su vez, funcionó como un mecanismo de exclusión. Por último, en un cierre abriente, evaluaremos la situación actual del bien patrimonial, el lugar de la Comisión y su comunidad escolar a cargo.

La temática patrimonial la abordaremos desde la perspectiva antropológica, que considera al patrimonio como una construcción social. (Rosas Mantecón 1998; García Canclini 1999; Prats 2000). Este enfoque nos permitió conocer el proceso de producción visibilizando los conflictos y tensiones que se dieron en el interior de las comunidades vinculadas al almacén.

Con la finalidad de dar cuenta del proceso de patrimonialización tomamos al patrimonio en su carácter integral, es decir, teniendo en cuenta sus elementos cohesivos, los conflictos y enfrentamientos que surgieron en su formación/apropiación y como un “recurso para reproducir las identidades y diferencias sociales” (Rosas Mantecón, 1998:6), atendiendo del mismo modo a los usos contradictorios y diferentes representaciones e identificaciones que los actores sociales otorgaron a su patrimonio local.

La patrimonialización es entendida para los fines artículo como el proceso en el que la la(s) comunidad(es) vinculadas directa o indirectamente con el almacén, le atribuyen a ese bien una significación simbólica que lo hace patrimonial y que representa su historia y su identidad. Prats (2005:18) reconoce dos construcciones sociales que se dan dentro del proceso de patrimonialización: la sacralización de la externalidad cultural y la puesta en valor y activación.

2. El Nacimiento de “El Gavilán”

Para comprender el surgimiento de los parajes rurales en la Provincia de Buenos Aires y sus almacenes, contextualizamos al país dentro de las lógicas del capitalismo mundial que propiciaron el modelo agroexportador desarrollado desde finales del siglo XIX hasta el año 1930 con la crisis del modelo (primera guerra mundial y crisis del año 30 y la segunda guerra mundial) que dio paso a la Industrialización Sustitutiva de Importaciones.

La Región Pampeana se convirtió en uno de los principales sostenes de ese modelo, situación que incidió en el Partido de Coronel Pringles constituyéndose hacia fines del siglo XIX, como un espacio económico funcional a la estructuración de la Argentina agroexportadora. El ordenamiento territorial, creado de acuerdo a la funcionalidad económica del momento, se configuró con una localidad cabecera del partido y un espacio rural donde la población se distribuyó de manera dispersa o aglomerada en parajes y asentamientos de rango menor. (Jacinto, 2012). El paraje rural del “Gavilán” lo ubicamos dentro de este contexto histórico económico bajo la categorización de asentamiento de rango menor.

“El Gavilán” fue fundado en 1890 aproximadamente, por un inmigrante vasco de apellido Aduriz y Zabala nacido en San Sebastián en el año 1862, con la finalidad de facilitar la explotación cerealera. Allí construyó en esquina la casa de negocios (pulpería[1] y almacén).

Con anterioridad a la fundación del paraje se establecieron en el partido otros almacenes de campaña del mismo ramo con los nombres de “La Paloma” y “La Gaviota”. El nieto del fundador, cuenta que a su abuelo “(…) se le ocurre hacer, como centro de ese lugar, donde había unos galpones, donde se concentraban cereales para la exportación (…) un lugar donde también iban a vender maquinaria agrícola, de aquella época, y entonces…se hizo un comercio, un comercio de ramos generales. Entonces ahí surge El Gavilán… ¿Por qué? porque él decía que se iba a comer a la paloma, y le puso Gavilán para comerse la Paloma”. (Joaquín, 84. Político jubilado. Extracto de entrevista realizada por el Archivo Histórico en 2008).

                  


    

El almacén de ramos generales se convirtió en el “corazón” del paraje, así nos lo cuenta una informante en una carta enviada a la Comisión de Festejos del Gavilán con motivo de la primera cena de reencuentro: “(…) verdadero centro comercial y social de dicha comunidad, mojón de la civilización y atalaya de la vida campesina (…). Unos le llamaban almacén de ramos generales, otros, posta, pulpería, boliche, etc… para todos el punto de reunión, del patrón, del peón, del viajero, del caminante.” (Elsa, 58 años, docente, jubilada. Extracto de carta enviada a la Comisión de Festejos de Gavilán. Neuquén. 2007).

Hacia fines de la década del sesenta y comienzos del setenta la Industrialización por Sustitución de Importaciones llegaba a su fin, los ajustes estructurales del sector agropecuario comenzaron a tener efectos al potenciarse desregulaciones de todo tipo, aperturas y privatizaciones que afectaron gran parte del andamiaje institucional y empresarial  desarrollado en la etapa anterior. (Teubal, 2011). Aquí se da un momento clave en el sector rural que marcó un antes y un después en la vida de y en torno a “El Gavilán”. La incidencia de los procesos de mecanización y tecnificación total de las labores agrícolas, el cierre de las estaciones del Ramal Mitre[2] en el año 1977 de las cuales dos de sus estaciones mantenían relación comercial directa con el paraje, el mejoramiento de caminos que achicaron las distancias entre lo rural y lo urbano, la modernización del transporte privado fueron incidiendo en el gradual e irreversible despoblamiento de la zona que llevó, en el año 1982, al cierre definitivo del almacén de ramos generales. En estos procesos, los trabajadores rurales quedaron insertos en un nuevo contexto socioeconómico que transformó drásticamente su concepción de trabajo, sus relaciones sociales de producción, y en definitiva su estilo de vida con sus tradiciones y valores arraigados en ese espacio rural. El almacén quedó cerrado y en estado de abandono hasta el año 2006 cuando se decidió iniciar su restauración.

3. Una Idea Iluminó al Almacén: La Selección del Bien Patrimonial

¿Qué movilizó a un actor social a promover la restauración de un bien cultural local que en principio no tuvo contacto con su historia personal, con su memoria? En el año 2006, una persona ajena al paraje presentó su interés por “rescatar los edificios históricos” de Coronel Pringles ante el Intendente Municipal, quien para cumplir estos fines le creó el cargo de “Coordinador de Rescate Histórico”[3]. Tanto en el nuevo Coordinador como en el Intendente se manifestó una necesidad recíproca de poner en valor los bienes culturales de la localidad. Sin embargo, los edificios elegidos fueron de un tipo determinado: “(…) Yo empecé a trabajar en la parte de campo que es la que más me gusta (…)  ‘El Gavilán’ es el más venido a menos de todos los demás (parajes) por eso creo que está en peligro y decidimos empezar por este lado, con la idea de rescatarlo”. (Innovadora idea para rescatar propiedades que fueron historia, 2006, 14 de enero). La idea de restauración del Coordinador de Rescate estuvo respaldada por el intendente “(…) porque en realidad (el intendente), era más afín a lo gauchesco, tradicionalista, cuidado del patrimonio, a él le gustaba y a Jorge T (Coordinador de Rescate Histórico) también.” (Celeste. 35 años, Coordinadora del Archivo Histórico. Extracto de entrevista realizada en 2018).

Prats (2005) señala que la primera construcción que se da en un proceso de patrimonialización es la “sacralización de la externalidad cultural”, instancia que antecede a la selección del bien patrimonial y que se alimenta luego de este a través de un mecanismo universal, intercultural, mediante el cual una sociedad, comunidad o grupo social define el ideal del mundo y de la existencia (Prats, 2005), conformado en este caso por lo “tradicional”, como me referiré más adelante. De ahí que no sean cualquier tipo de edificios los que se buscaba “rescatar” sino unos que expresan el ideal cultural de lo tradicionalista que, a su vez, representa metonímicamente su identidad y su historia y por tanto resulta un indicador suficiente para determinar su selección. Tal como lo expresó en una nota periodística el Coordinador de Rescate “necesitamos de los valores históricos para no perder nuestra verdadera identidad.” (Innovadora idea para rescatar propiedades que fueron historia, 2006, 14 de enero).

Seleccionado el almacén de ramos generales desde la representación común, se produce una segunda construcción social en el proceso de patrimonialización: la puesta en valor (ponderación de los valores patrimoniales) primero y la activación (actuación sobre el patrimonio) luego. (Prats, 2005). Durante la puesta en valor se da el primer proceso de negociación que se corresponde con la previa selección valorizada y jerarquizada de un conjunto de bienes culturales (sacralización de la externalidad cultural) que operan como referentes identitarios del grupo.

A partir de este momento, se incorporó al Archivo Histórico Municipal “Aldo Pirola” para trabajar conjuntamente en el proyecto de restauración del almacén:

 

“Él (Coordinador de Rescate) viene con la idea al Archivo en el 2006, en junio, (…) programamos un viaje (…) y Jorge T tenía como amigo a Eduardo (uno de los miembros de la Comisión desde 2006) que tampoco es de la zona de Gavilán pero le gusta el tema del campo. Yo no conocía nada (refiriéndose al paraje) hicimos un relevamiento fotográfico, nos metimos dentro del boliche que era piso de madera ya en estado horrible y por ende pisábamos y eran pozos, el sótano al descubierto, estaba toda fea la madera, no había techo casi, estaban las chapas (…) las aberturas estaban rotas. Volvimos, pasamos por Pensamiento, miramos otros edificios (…) y dijimos bueno ¿qué hacemos o encaramos o no? Era una locura (…) porque era algo a restaurar todo, desde más de cuarenta vidrios (…) el piso, el techo, las aberturas, todo, teníamos las paredes nada más, prácticamente.” (Celeste. 35 años, Coordinadora del Archivo Histórico. Extracto de entrevista realizada en 2018).

 

Como estrategia inicial para comenzar con la restauración, el Coordinador de Rescate solicitó la protección del almacén el cual fue declarado como “bien de interés cultural” por la ordenanza municipal N°.3625/06. El día 13 de noviembre de 2006 se convocó públicamente a vecinos y ex vecinos del Gavilán en la Sala Dardo Rocha de Casa de la Cultura[4] “(…) cita que fue coordinada por el referente de la Dirección Municipal de Producción y Cooperativismo, Jorge T[5]. y (…) se sumó el intendente Municipal Dr. Aldo Luis Mensi.” (Todos los vecinos en Campaña para reconstruir el boliche “El Gavilán”, 14 noviembre de 2006). En dicho encuentro se planificaron reuniones semanales en Casa de Cultura con la finalidad de recuperar el almacén y “la búsqueda de reliquias y fotos para crear una galería del recuerdo en el interior del boliche[6], con el propósito de que este espacio pueda ser visitado.” (Todos los vecinos en Campaña para reconstruir el boliche “El Gavilán”, 14 de Noviembre de 2006).  Desde esa fecha se fue conformando el grupo de personas que participó en el proceso de patrimonialización del almacén, agrupándose en lo que ellos denominaron “Comisión de Festejos de Gavilán

 
3. La Comisión: Hacia una Patrimonialización Participativa y Comunitaria

El nombre de “Comisión de Festejos de Gavilán” surge en los libros de las reuniones a partir del año 2008 y fue bajo esta denominación que apareció en los fundamentos del Proyecto de Resolución que solicitó la declaración para la puesta en valor del boliche “El Gavilán”, al que me referiré en este apartado. Sin embargo, la Comisión nunca se constituyó legalmente ni los integrantes se percibieron a sí mismos como miembros de una Comisión en su sentido formal. Así lo expresaron dos los miembros del grupo:

“No hablamos de Comisión hablamos de grupo de personas, no tenemos ni presidente, ni secretario, es como que cada uno iba tomando un rol en el momento, yo me dedicaba a escribir, a hacer las gacetillas, a hablar y a coordinar todo desde la compra de la verdura para la cena hasta la próxima reunión el día, la hora (…) le decimos comisión para llamarlo de alguna manera, no tenemos personería jurídica que de hecho ahora la quieren hacer, nunca hubo presidente, sí voceros eran Pirucho, Jorge, Mingo…” (Celeste, 35 años, Coordinadora del Archivo Histórico. Extracto de entrevista realizada en 2018).

“En sí nunca tuvimos una comisión, lo que tratamos de ser todos indios y que no hubiera cacique… porque si había muchos caciques y pocos indios la cosa no va, entonces éramos todos iguales un día había que firmar algo y entonces te decían, porque no haces de presidente vos y me hacían poner la chueca  a mí y no había peor cosa que me dijeran ahí viene el presidente.” (Mingo. 81 años, productor jubilado. Extracto de entrevista realizada en 2018).


               


 

Nos detenemos en este punto unas líneas que nos llevan a reflexionar sobre quienes son esa “comunidad” rural del Gavilán que fueron convocados públicamente para iniciar el proyecto de restauración del almacén ¿Los de ayer que lo conocieron y frecuentaron hasta su cierre o también la comunidad escolar que vive actualmente en la zona pero que sólo conocen el edificio en ruinas? De esta pregunta surgirán los diferentes discursos patrimoniales, que manifestarán una patrimonialización en la que se evidencian claro oscuros no tan participativos para la comunidad escolar.  Y agregamos: ¿Quiénes eligieron participar del proceso de patrimonialización (puesta en valor y activación)? ¿Qué rol jugaron quienes, aún vinculados al almacén, han decidido quedarse por fuera de la Comisión? ¿Han sido todos “indios”? Es indudable que estás preguntas conducen a la trastienda del proceso de patrimonialización, a sus disputas y tensiones entre quienes no formaron parte de la Comisión, los que se fueron por desacuerdo y los que se involucraron sin haber estado vinculados con anterioridad al paraje. Iremos poco a poco desentrañando el entramado de la patrimonialización. 

En la entrada al campo, imaginamos (desde la falla no vaciada de arrastrar nuestros (pre)supuestos al campo) una comunidad delimitada por fronteras espacio- temporales, aquellos que han estado ligados al almacén hasta el año 1982 y la comunidad escolar que actualmente vive en la zona del paraje. Sin embargo, esta identificación inicial se vio empañada por una comunidad dispersa, fracturada, con significaciones, identificaciones y apropiaciones diferentes respecto del almacén y del territorio. La comunidad imaginada desde el presupuesto de origen se fue diluyendo durante el trabajo de campo para dar lugar a una identificación más precisa, en la que delimitamos las unidades de análisis tomando como base los participantes de la Comisión. A modo de clasificación ordenatoria y sólo con ese fin los denominamos como: “los memoriosos”, “los tradicionalistas” y “los de la escuela”.

En el grupo de “los memoriosos” se encuentran quienes han vivido en la zona del Gavilán o han tenido contacto directo con el almacén hasta su cierre el año 1982. Según los registros de los libros de la Comisión han participado cerca de diecisiete personas aunque este número ha variado por distintas causales: disidencias, fallecimientos y otras más personales. Esta es la comunidad de más difícil identificación, por encontrarse desterritorializada y dispersa. La mayor parte de sus integrantes son personas mayores y muchas de ellas no han formado parte de la Comisión por razones de lejanía, enfermedad, edad, conflictos con alguna de las personas que participaban de la misma o simplemente porque prefirieron no asumir el compromiso que implicaba la restauración del almacén. No obstante, muchas de ellas se han mantenido atentas y activas en las colaboraciones tanto económicas como en la participación de los almuerzos organizados por la Comisión.

Esta comunidad heterogénea ha sido clave para la revitalización de la memoria colectiva en y en torno a la vida del almacén. Las reuniones semanales propiciaron el reencuentro y el recuerdo de ahí su fundamental importancia para la construcción de la memoria colectiva, donde el pasado común resultó ser el factor de cohesión más importante dentro del grupo de vecinos ligados a la historia del almacén y una causal de compromiso para “los tradicionalistas” que no formaron parte de ese pasado pero que ahora comparten. Así lo expresa la Coordinadora:

 

“Después las reuniones las hicimos en las casas[7] era rotativo (…) ¿Y qué pasaba?, picadas de por medio, anécdotas, te acordás de fulanito, yo prendía el grabador, me servía, se comía, se tomaba y las reuniones terminaban a las once de la noche, y ya después era como competencia de comidas (…) era algo que vos estabas esperando el día (…).” (Celeste. 35 años, Coordinadora del Archivo Histórico. Extracto de entrevista realizada en 2018).

Con la incorporación de un grupo de la comunidad de “los memoriosos” en la Comisión, un nuevo elemento priorizó la valorización y jerarquización del referente patrimonial: la memoria compartida. La memoria compartida “antes que colectiva” (Prats, 2005:26) que determinará luego los referentes en donde el grupo fijará sus discursos identitarios. La externalidad cultural (Ibídem, 2005) se entrecruza con las biografías de los individuos-actores que cobran una relevancia fundamental respecto del almacén, anteponiéndose por lo tanto, el significado (que los actores atribuyen al espacio vivido) a los principios de legitimación de aquella externalidad (ideal nostálgico del pasado rural). Tanto la definición de ideales culturales como la significación atribuida al referente patrimonial, se dieron conjuntamente en el proceso de construcción de la memoria colectiva.

El grupo de “los tradicionalistas” estuvo conformado por cuatro personas que no tuvieron relación al paraje con anterioridad al año 2006. Dos de sus integrantes actuaron/ colaboraron, como vimos anteriormente, en representación de dos áreas municipales: la Coordinadora del Archivo Histórico (su actuación será discutida en el año 2017 cuando se desliga al Archivo de la Comisión) y el Coordinador de Rescate quien, una vez terminado su cargo, con la finalización del mandato del intendente que lo designó, decidió continuar en la Comisión de forma personal.

A este grupo les une un fuerte interés por lo “tradicionalista” impregnado y manifestado en su cotidianeidad por actividades tales como danza y música folclórica, desfiles, cabalgatas, almuerzos y juegos camperos. Lo tradicionalista se encuentra asociado al estilo de vida campero y es representado por gran parte de los elementos que Ratier (2018) denomina la “situación gauchesca”. En el estilo de vida tradicionalista o campero encontramos juegos como la taba, las carreras de sortija, la carrera de embolsados, de peludos, el uso de la cocina criolla, en particular el asado como forma de ampliar relaciones mediante la comensalidad dentro de las normas de la urbanidad campestre (Ibídem, 2018); el fútbol y los bailes. Todas las actividades y prácticas mencionadas fueron recordadas por “los memoriosos” reavivando y dando sentido al estilo de vida de los “tradicionalistas”. Desde este lugar de fuerte identificación por la tradición, el segundo grupo tiene en común su vocación por los bienes patrimoniales rurales y su puesta en valor.

Los miembros del tercer grupo, “los de la escuela”, no han tenido contacto directo con la historia del boliche. Su sentido de pertenencia tiene que ver con la identidad territorial que construyen en torno a la escuela como eje y motor de todo el paraje. El interés de la escuela, en la actualidad, respecto del almacén tiene principalmente fines educativos. Es recién en el año 2017 cuando comenzaron a asistir a las reuniones semanales y colaboraron, como parte de la Comisión, en la organización del almuerzo del Día de la Tradición en el almacén.

Una vez presentados los tres grupos integrantes de la Comisión, describiremos las acciones de patrimonialización realizadas hasta la total recuperación del almacén[8], que lo fueron poniendo en valor y activando.

En noviembre del año 2006 se anunció desde la Comisión la primera campaña de la chapa y la organización de la fiesta del reencuentro. A pesar de que la campaña de la chapa[9] fue efectiva no suficiente. Los actores movilizados por el recuerdo buscaron dar a conocer y celebrar el proyecto de recuperación del boliche con toda persona que estuviese o hubiese estado vinculada al paraje.

“La idea, si bien era restaurar, era reunir a toda la gente de Gavilán, entonces empezamos a pensar en una cena del reencuentro, como las reuniones que se hacían todos los lunes (…) lo que hacía yo desde el Archivo tratar de pedir anécdotas, contar la gente que nos dijera y hacer esa cena del reencuentro.” (Celeste, 35 años, Coordinadora del Archivo Histórico. Extracto de entrevista realizada en 2018).

La Fiesta del Reencuentro, celebrada en febrero del año 2007 con cerca de seiscientas personas, sirvió para promover el lazo de filiación entre los miembros de la comunidad del paraje que comparten un pasado común:

  (…) lo que supone recorrer una red que comienza por los nativos hoy ausentes, muchos habitando en lugares distantes, quienes a su vez ingresan integrantes de sus propias redes. El regreso de esos migrantes reconstituye por un momento la dimensión perdida de la comunidad. No sólo por la reconstrucción momentánea del tejido social y la recuperación de lealtades, sino también por el aporte económico que significa la recaudación obtenida. (Ratier, 2018:318).

En noviembre de ese mismo año se realizó una segunda cena en el “Fortín Tradición y Libertad” donde asistieron cuatrocientas cincuenta personas. Con lo recaudado en las fiestas y las chapas donadas se techó el almacén.

Las reformas continuaron y se obtuvo el apoyo del Municipio “que colaboró no solamente con dinero sino también con obras públicas con el rellenado de los sótanos y de los pisos porque el piso de madera, fueron alrededor de cuarenta camiones de tierra para rellenar, luego se hizo la carpeta, se restauraron las aberturas.”  (Celeste. 35 años, Coordinadora del Archivo Histórico. Extracto de entrevista realizada en 2018).

La ritualización de los almuerzos, cabalgatas y encuentros comenzó en el año 2007 con la Fiesta del Reencuentro y se sostuvo durante los siguientes once años. Desde el año 2008 comenzaron los asados “camperos” en el paraje uno para la semana de La Tradición y otro en la semana del 25 de mayo, aunque luego de algunos años este último dejó de hacerse “por motivos económicos”. Los asados fueron organizados conjuntamente por la “Comisión de Festejos” y por la Asociación Cooperadora de la Escuela N°5.

Las actividades camperas sirvieron de recurso para restablecer el tejido social dañado y recordar que el paraje también existe, expresando un propósito de reafirmación identitaria. Bajo esa reivindicación identitaria los almuerzos convocaron cada año a unas doscientas personas, con la presencia del Intendente y de otros líderes políticos locales y medios de comunicación locales, así como también contaron con el apoyo de instituciones tradicionalistas como el “Fortín Tradición y Libertad” y el “Fogón de los Gauchos”. Estas prácticas ritualizadas marcarían la fuerte voluntad de preservar los valores “camperos” como elemento diacrítico identitario, no solo por parte de los vecinos del Gavilán y miembros de la Comisión sino también desde las instituciones tradicionalistas y por parte de algunos políticos. Tal vez, frente el avance homogeneizante sociedad, esos actores (políticos e instituciones) buscaron reafirmar sus peculiaridades regionales, apoyándose en los elementos patrimoniales rurales y la situación gauchesca como horizonte identitario. Dichos patrimonios rurales comunes se verían amenazados por las nuevas condiciones imperantes en el campo denominadas agriculturación[10]. Su puesta en valor y activación buscarían por tanto, como señala Pérez Winter (2016:74), “redimir ciertas ausencias” (de lo urbano respecto de lo rural) y generar una mirada más amplia y diversa de la identidad local (pringlense).

Estas necesidades de visibilización, podrían haber sido el motivo que llevó a la Comisión a organizar sus almuerzos y cabalgatas en torno a días festivos nacionales (25 de mayo y del 10 de noviembre). De esta manera el paraje se hizo presente cada año dentro del contexto urbano. Las gacetillas de prensa[11] de la Comisión así lo expresaron: “El Gavilán está organizado el festejo del Día de la Patria con un gran almuerzo estilo campo, como acostumbra el paraje.” (Gacetilla de prensa, 2009). El 6 y 7 de noviembre se anunció la primera “Gran cabalgata  (…) orgullosos descubriremos la placa donde se reconoce al edificio Patrimonio Histórico (…) se espera participación de la zona bajo el lema “para pelearle al olvido”. (Gacetilla de prensa, 2010).

 

         De los anuncios de las gacetillas se puede deducir por un lado que en el accionar de la Comisión (e incluso de políticos e instituciones que acompañaron), la preservación de la identidad enraizada fuertemente en lo gauchesco campestre constituyó una clara manifestación de ese combate por la supervivencia. Como afirma Ratier (2018:310) “Cuanto más se mundializan los lugares, más se vuelven singulares y específicos, es decir, únicos; y las fiestas rurales constituirían, a nuestro parecer, uno de los indicadores privilegiados de esos procesos.” Por otro lado, el lema “pelearle al olvido” visto desde “los memoriosos” estaría poniendo en valor el pasado que les es propio y que los identifica (Villafañe y Adad, 2017). Si bien ese pasado no puede recuperarse, los lazos vecinales, sobre todo de quienes participaron de la Comisión, se revitalizaron a través de las acciones de puesta en valor y activación. La sacralización de ciertos rasgos de la vida comunitaria del endogrupo de “memoriosos” (tanto sean parte o no de la Comisión) habría buscado entonces, reconstruir su identidad colectiva y por ello “pelearle al olvido” implicaría dar visibilidad a ese pasado de la historia local “olvidado” y volver a tomar el lugar social privilegiado que en algún momento los actores tuvieron (creyeron o sintieron). Por esto mismo, los integrantes de la Comisión comentaron reiteradamente en notas periodísticas respecto del almacén que: “su recuperación es de gran valor para la historia del partido”. Esta valorización que hicieron de su patrimonio resignificaría su identidad local que se construye y reconstruye al recuperar “de las ruinas” aquel edificio, que da cuenta no sólo del patrimonio material sino también del inmaterial expresado en su memoria colectiva que recuerda la tradición agrícola ganadera, la vida en el almacén, las festividades, el club de fútbol, los lazos de vecindad, la escuela y todo lo relacionado con ese estilo de vida campero que les une.

Aun cuando la identificación y arraigo con el paraje por parte de “los memoriosos” constituyeron la base cohesionadora en la que se sostuvo Comisión durante más de diez años expresando, en palabras de Gilberto Giménez, su “demanda social de memoria” (Giménez 2005:178- 179), el proceso de patrimonialización estuvo atravesado por disputas internas que generaron desigualdades en la formación y apropiación del edificio. Las disputas se refirieron tanto los posibles usos del boliche, usos que fueron variando y que dieron lugar a debates sobre la “autenticidad” del bien así como a tensiones y disidencias por relaciones de poder entre los miembros. Aunque “eran todos indios” había personas que lograron tener más peso en sus decisiones que otras, hecho provocó la partida de dos integrantes, ambos originarios del Gavilán. La relación de la Comisión con la Cooperadora de la Escuela Número 5 también generó disputas entre los integrantes en diferentes períodos y se mantuvo por fuera de la Comisión hasta que en el año 2017 que ambas partes acordaron su inclusión.

En el año 2010, con la intención de continuar con las con las obras de restauración del almacén y obtener nuevos subsidios la Comisión presentó ante el Diputado Provincial y ex intendente la inquietud de declarar a nivel provincial el almacén del paraje “El Gavilán” como patrimonio cultural local. Ese mismo año el Diputado presentó el Proyecto de Resolución, en el que solicitó ante la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires que se declare de: “Interés cultural y turístico la puesta en valor de del boliche- almacén‘El Gavilán’”. En los fundamentos del Proyecto de Resolución se expuso la importancia histórica de los almacenes de ramos generales, la historia del almacén “El Gavilán” y los objetivos de la Comisión.

Con la Declaración de “Interés Cultural y Turístico” del almacén en el año 2011 y la restauración finalizada, la puesta en valor del boliche alcanzó su máxima expresión. Sin embargo, considero que tanto la puesta en valor como la activación se han ido dando de forma paralela aun cuando la primera tuvo su punto culmine con la declaratoria. Tanto la memoria colectiva como los elementos seleccionados y consensuados por el grupo de “los memoriosos”, el rescate de lo rural como identitario por parte de “los tradicionalistas” y la resignificación del uso del espacio por la comunidad escolar implicaron una puesta en valor constante de aspectos inmateriales que se vincularon dialécticamente con las actuaciones del patrimonio. Dichas actuaciones se dieron a través de una serie de rituales como las fiestas, almuerzos, cabalgatas y actos escolares y que pasaron por un proceso de selección, interpretación y formulación de discursos que legitimaron y sacralizaron el bien patrimonial para su preservación. (Prats, 2005).

                            





            

 4. Patrimonialización Participativa pero no tanto… el lugar de cada quien

En el proceso de patrimonialización se han observado los distintos intereses que primaron por parte de los grupos y que generaron identificaciones diferentes respecto del bien patrimonializable. De aquí, la pregunta sobre el papel que jugó el patrimonio local en la identificación de cada grupo y por tanto el lugar de cada uno de ellos dentro del proceso.

La recuperación del patrimonio, entendido como representación simbólica de la identidad, ha tenido por parte de “los tradicionalistas” un manifiesto interés de remarcar una identidad asociada al estilo de vida campero. Consideramos que este grupo ha actuado como “representante” dentro del contexto local de esa cultura rural singular asociada con los valores camperos presentes en su externalidad (camaradería, favores, palabra, confianza). El almacén se constituyó, en consecuencia, en el objeto metonímico de esa externalidad cultural procedente del pasado “como tiempo fuera del tiempo, por oposición no al tiempo presente, sino al tiempo percibido como presente (…)” (Prats, 2005:18) que revitalizó su identificación con un tipo de cultura determinada la cual permitió, a su vez, “recuperar la poca historia que nos queda” al poner en valor la memoria colectiva de quienes habitaron el paraje en tiempos del almacén nutriendo así aquél ideal cultural.

El proceso de construcción de la memoria colectiva de “los memoriosos”, en particular de quienes conformaron la Comisión, se fue configurando en las reuniones semanales sostenidas durante once años y en cada uno de los eventos organizados por la Comisión. Las reuniones como espacio para recordar un pasado común, fueron sumamente importantes como factor de cohesión de todos los miembros de la misma y funcionaron como estímulo para alcanzar los objetivos propuestos.

Las reuniones, los preparativos para los almuerzos, la primera gran fiesta del reencuentro y las cabalgatas implicaron el restablecimiento de una red que abarcó a los nativos hoy ausentes en paraje, o que habitan en lugares distantes y a quienes ingresan por sus propias redes. (Ratier, 2018). El reencuentro de todos ellos reconstituyó en cada actividad la dimensión perdida de la comunidad. (Ibídem, 2018). La memoria colectiva a la vez que reconstruyó el tejido social perdido (aun en la intermitencia) y puso en valor su propio patrimonio inmaterial de modo que el almacén (patrimonio material) se constituyó como su “foro de la memoria” (Prats, 2005:11) o “registro de la memoria” (Arévalo, 2010:8). De aquí que la verdadera naturaleza del patrimonio local se base en la memoria. (Prats, 2005).

Pero la memoria colectiva que detentaron “los memoriosos” no ha sabido o no ha llegado a transmitirse a la comunidad escolar presente hoy en el paraje. Ante los procesos de despoblación y reconversiones económicas que sufrió el paraje en la década del ochenta, se generó desde entonces, un aparente vacío que comenzó con el cierre del almacén hasta el llamado público para recuperarlo en el año 2006. Tal vez, este hecho y las tensiones que existieron entre miembros de la Comisión y “los de la escuela”, provocaron que la memoria compartida y el discurso patrimonial de “los memoriosos” se cerrasen sobre sí mismos y se tornasen como un mecanismo de exclusión y, quizás, de negación de la realidad. (Prats, 2005). Estos mecanismos han generado posiblemente la falta de transmisión en la comunidad local actual del paraje que provocó en “los de la escuela” que el boliche “se sienta todavía como de los mayores”.

Por otro lado, algunos de los miembros de la comunidad escolar en la actualidad no se sienten identificados al territorio ni generan un sentido de pertenencia, muchas veces debido a la temporalidad de sus trabajos. Sin la identificación por el paraje, ni la invitación a integrar la Comisión, la comunidad escolar quedó, en parte, fuera del proceso de patrimonialización. En parte, porque colaboraron en cada uno de los almuerzos camperos destinados a recaudar fondos y al reencuentro, sin embargo, no participaron en las decisiones de organización, en las acciones desplegadas por la Comisión, en los cambios edilicios realizados en el almacén ni tampoco en el discurso patrimonial que predominó: el del almacén como relato de una historia que a ellos, “los de la escuela”, no les toca. Asimismo, otras tensiones de carácter privado se impusieron entre algunos de los miembros de la Comisión y autoridades de la escuela que llevaron a que la Comisión liderara la recuperación, puesta en valor y activación del almacén hasta el año 2017. 

A pesar de esa no participación, el accionar de la Comisión y la recuperación del almacén tuvieron implicancias en la escuela. Aun cuando surge de los relatos la identificación con el paraje y con el almacén como lugar de pertenencia en el pasado, en el presente esa identificación se resignifica desde la escuela porque el paraje los define y atraviesa en su cotidianeidad. Esta relación dialéctica con su pasado, “los memoriosos” como protagonistas, se enlaza con el presente a través de la comunidad escolar permeando todo este proceso de reconstrucción identitaria en donde quedó manifiesta la necesidad de rescatar aquel patrimonio material e inmaterial, pero también de poner en valor el lugar del paraje y de la Escuela hoy, de que se haga presente y tenga notoriedad. El pedido de señalización[12] conjunto entre la Comisión y Cooperadora Escolar para colocar carteles en la ruta con los diferentes accesos al paraje, dio cuenta de esta necesidad. Por otro lado, la puesta en valor y activaciones que se han dado y dan sobre ese espacio, han llevado a lograr una mayor presencia (intermitente) dentro del Partido de Coronel Pringles. De ahí la importancia del boliche como reivindicador de una identidad local que quiere que se recuerde que el paraje todavía existe y está vivo. 

5. Reto cumplido y ¿Ahora qué?

La Comisión permaneció activa hasta el 2017 cerrando el año con un almuerzo campero para el Día de la Tradición. Ya en el año 2017 dos referentes importantes habían dejado la Comisión, su impulsor y el fallecimiento de un miembro del grupo de “los memoriosos” que afectó profundamente a todos los integrantes de la misma. En el año 2018 la Dirección de Cultura del Municipio decidió desvincular al Archivo Histórico de la Comisión de Gavilán por considerar que la Coordinadora del Archivo Histórico había actuado a título personal. Sin embargo, lo que surgió luego fue que las funciones del Archivo Histórico no tenían relación con el trabajo de la Comisión de Festejos, hecho que dejó una vez más relegado y silenciado al patrimonio rural. Respecto a este punto los integrantes de la Comisión mostraron su desacuerdo y repudio ante tales medidas. 

La no colaboración del Archivo, sumado a que “los memoriosos” ya no se encontraban en condiciones de sostener las actividades y la Cooperadora Escolar conformada por un número muy reducido y variable de personas no terminaba de involucrarse, llevó al desmembramiento definitivo del grupo a mediados del año 2018.

En la actualidad tanto el paraje rural de “El Gavilán” como otros parajes y pueblos rurales del partido se encuentran en situación de precariedad, con la mayor parte de su patrimonio en estado de abandono y con las escuelas amenazadas por el cierre debido a sus matrículas mínimas. Este hecho lleva a repensar la importancia del patrimonio como recurso y oportunidad para la visibilización de las comunidades rurales y sus escuelas, para la revitalización de su identidad territorial y para el desarrollo local. Pero tal como muestra este caso en particular, existe una necesidad imperiosa de generar políticas públicas locales que impliquen la voluntad de trabajar con el sector cultural y que generen puentes con todo tipo de actores sociales para que hagan posible la sostenibilidad de este tipo de proyectos, que propicien el patrimonio como un derecho de todos, para mejorar nuestra vida, para dar lugar a “patrimonios emergentes” (Abreu, 2003, p. 30) y locales que no siempre se corresponden con las lógicas hegemónicas que se tratan de legitimar “desde arriba” (Endere y Mariano, 2017,15). Tal vez y solo tal vez, para lograr esta emergencia patrimonial habría que comenzar deconstruyendo el concepto de cultura hegemónica que se reproduce desde el aparato público local para entenderla como la generación de un proceso y no sólo un evento (Vich, 2014), o apropiándonos de las palabras de Vich (2014) habría que “desculturizar la cultura” para arrancarla de su supuesta autonomía y utilizarla como recurso  para intervenir en el cambio social (Ibídem, 2014), aunque quizás esto, todavía nos queda demasiado lejos.

 ¡Hasta pronto!

Y como siempre… nos encontramos en ViviendoPatrimonio .

Lhur

 

Referencias Bibliográficas

Endere, M.L y Mariano, M. (2017). Carnavales y patrimonios: diálogos sobre identidades y espacios de participación. Memorias: Revista Digital de Arqueología e Historia desde el Caribe (mayo-agosto), 10-41. Disponible en: http://dx.doi.org/10.14482/memor.32.10338

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Guber, R. (2004). El salvaje metropolitano. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

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Pesoa Marsilla, M. (2016). Una Ciudad para la Pampa. La construcción del territorio en la Provincia de Buenos Aires (1810-1916). (Tesis doctoral). Universitat Politécnica de Catalunya, Barcelona, España. Disponible en: https://www.tdx.cat/handle/10803/386476

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Ratier, H. (2018). Antropología rural argentina: Etnografías y ensayos. Tomo I y II. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Disponible en: http://publicaciones.filo.uba.ar/antropolog%C3%ADa-rural-argentina-tomo-i.

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Vich, V. (2014). Desculturizar la cultura: la gestión cultural como forma de acción política. Editorial Siglo Veintiuno Ediciones.

Villafañe, A. y Adad, L. (2017). Procesos de reconstrucción identitaria y patrimonialización de la memoria histórica. El caso de Loma Negra, Villa Alfredo Fortabat. Atekna (6), 87-113. Disponible en: https://plarci.org/index.php/atekna/issue/view/24

 

Diarios de Archivo

Innovadora idea para rescatar propiedades que fueron historia. (14 de enero de 2006) Diario El Orden, 1-2.

Todos los vecinos en Campaña para reconstruir el boliche “El Gavilán” (14 de Noviembre de 2006). Diario El Orden, 6.



[1] Las pulperías impulsadas por los cambios en el sector rural hacia fines del siglo XIX se fueron transformando gradualmente en almacenes y casas de negocios dando lugar a los legendarios almacenes de ramos generales. A pesar de esta diferenciación algunas prácticas mercantiles como el fiado o el crédito ejecutadas por los propietarios continuaron realizándose en los almacenes y se convirtieron en una estrategia constante y clave del comercio minorista en el área rural bonaerense.  (Pesoa Mansilla, 2016).

[2] La línea de ferrocarril Rosario Puerto fue inaugurada [2] Este cargo duró hasta la finalización del mandato del Intendente Aldo Mensi en el año 2009. En las notas periodísticas encontramos distintas denominaciones que hacen referencia al mismo cargo. El Coordinador de Rescate hace referencia a su colaboración en la Comisión desde su accionar privado más que desde su cargo político (a diferencia de la Coordinadora del Archivo Histórico que antepone su colaboración con la Comisión desde esa área municipal y no en carácter privado).partido, “El Pensamiento” y “El Divisorio” mantenían relaciones comerciales con “El Gavilán”.

[3]  Este cargo duró hasta la finalización del mandato del Intendente Aldo Mensi en el año 2009. En las notas periodísticas encontramos distintas denominaciones que hacen referencia al mismo cargo. El Coordinador de Rescate hace referencia a su colaboración en la Comisión desde su accionar privado más que desde su cargo político (a diferencia de la Coordinadora del Archivo Histórico que antepone su colaboración con la Comisión desde esa área municipal y no en carácter privado).

[4] La Casa de la Cultura pertenecía al Instituto Cultural, ahora Dirección de Cultura, Educación y Patrimonio Histórico dependiente de la Secretaría de Desarrollo del Municipio de Coronel Pringles.

[5] Se refiere al Coordinador de Rescate.

[6] “Boliche” es una de las formas que utilizan los actores para nombrar al almacén, al que también le llaman el “viejo almacén” para diferenciarlo del “boliche nuevo” ubicado cerca de la Escuela y en diagonal a aquél. El boliche nuevo, abrió a principios de la década del ochenta.

[7]   Los tres primeros años las reuniones fueron realizadas en Casa de Cultura. Los cambios en la gestión pública marcaron diferencias en el acompañamiento a la Comisión.

[8] El almacén fue restaurado totalmente en el año 2011. Lo recaudado en los almuerzos organizados cada año a partir de esa fecha sirvieron para hacer mejoras y mantener en buen estado el edificio

[9]En la campaña de la chapa se pidieron donativos de chapas en la que colaboraron varios negocios locales.

[10] Se denomina agriculturación al proceso de intensificación y expansión de la agricultura por la importación masiva de nuevas tecnologías, principalmente el cultivo de semillas transgénicas y la difusión de la siembra directa. Este proceso de intensificación se transformó en un factor de fuerte impacto económico y social en las comunidades rurales de la región, generando un aumento de la productividad agropecuaria pero también una agricultura sin agricultores y pueblos rurales en riesgo de extinción. (Stratta Fernández y de los Ríos Carmenado, 2010).

[11] Las gacetillas de prensa fueron elaboradas por la Comisión y publicitadas en los medios locales. En las mismas se describen los lugares para compra de tarjetas e información.  Como nota al pie se escribe: “Adhiere Archivo Histórico Municipal e Instituto Cultural”. El Instituto Cultural es la actual Dirección de Cultura, Educación y Patrimonio Histórico Artístico.

[12] La gestión de señalización fue realizada conjuntamente con la Dirección de Producción de Asuntos Rurales y Turismo de Coronel Pringles y Vialidad zona 11 Bahía Blanca.


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