Gestionar el Patrimonio: hacia una democracia participativa
1. Patrimonio, ¿Para qué y para quién?
Desde el Municipio se señalan a estas obras como “símbolos de la ciudad y de todos” y desde la verticalidad nos las presentan a los ciudadanos como “nuestro” patrimonio, generando halos de sacralización tan propios de las políticas monumentalistas.
Esta situación
desordenada y vaciada de estrategia desde el ámbito público me llevó a
reflexionar sobre algunos interrogantes sobre la gestión patrimonial:
¿Patrimonio para qué y
para quién? ¿Qué criterios se están utilizando desde el poder local para
determinar qué es y que no es patrimonio? ¿Cuáles son los métodos de
aplicación? ¿Quiénes son los que seleccionan los bienes patrimoniales
representativos de “todos”? y ¿Quiénes son todos? ¿Se están considerando otras
diversidades de expresiones y dimensiones que anudan y vinculan a los elementos
seleccionados desde lo institucional? ¿Qué comunidades están quedando
silenciadas y por fuera? ¿Qué capacidad tenemos como ciudadanos de apropiarnos
de lo patrimonial cuando no se nos informa sobre la gestión, cuando no hay
transparencia, cuando la participación ciudadana es inexistente y por lo tanto las
gestiones carecen de transversalidad?
A medida que surgen las
preguntas crece también la angustia y la necesidad de generar respuesta ante lo
institucional local que enmarcado en una propaganda de “buenas intenciones”
continúa sosteniendo la gestión patrimonial decimonónica, construyendo
identidades sociales desde arriba, creando significados que se retroalimentan y
reproducen en sus discursos y que verticalmente bajan a la sociedad que acepta
esos símbolos que ahora les representan. Suena arcaico, paternalista y hasta
oximorónico frente a las tendencias actuales cada vez más fuertes de gestión
participativa y comunitaria que se promueven desde diferentes organizaciones
sociales de base comunitaria y desde organizaciones como IberculturaViva, por
nombrar algunas de ellas, que fomentan y acompañan este tipo de iniciativas.
Pero, lamentablemente, en
muchas ciudades del interior, aún existen estos verticalismos (un eufemismo de
cortesía por no llamarlos autoritarismos culturales) en la gestión patrimonial
que conciben el patrimonio muy básicamente bajo el concepto de acervo, es
decir, los bienes por su valor intrínseco, desconociendo el carácter de
constructo social del patrimonio (Rosas Mantecón, 1998; García Canclini, 1999; Prats
2000) e invisibilizando las disputas
y desigualdades que hay en su construcción y apropiación.
El patrimonio no ha estado
(ni está) exento del juego de intereses ni libre de intentos de dominación de
un sector sobre otro al imponer un sistema de valores y una visión unilateral
de la historia. Citando a García Canclini (1998 en Delgado, s/f):
"Cada grupo hegemónico establece como patrimonio
[...] en cada época una selección de bienes, de próceres, de tradiciones. Los
combina y los pone en escena según los objetivos de las fuerzas que disputan el
poder. Así se han dado políticas desiguales respecto de las culturas étnicas y
criollas, de los barrios nobles y populares, de las artes y de las
artesanías".
2. La participación ciudadana
Abrir el diálogo del binomio “patrimonio-comunidad”
podría ser una medida inicial para evitar la imposición hegemónica por parte de
los gobiernos locales de símbolos patrimoniales y referentes identitarios en
los que sólo se contempla lo monumental sacralizado despojándolo de todo
proceso vivo de construcciones de sentidos, significados y apropiaciones
diversas por parte de las comunidades y grupos.
Aun cuando es innegable la valoración positiva, por
ejemplo de la obra de Salamone, una mirada más atenta nos muestra que no
incluye todo el patrimonio y que los bienes continúan jerarquizándose
privilegiando lo histórico arquitectónico frente a las dimensiones inmateriales,
lo monumental frente a lo popular y a lo tradicional rural, desvalorizando e
incluso silenciando referentes de la vida cotidiana que podrían ser decisivos
para la construcción de una identidad común, o al menos, más consensuada.
La
participación ciudadana ha demostrado que garantiza la identificación y la
apropiación de los elementos patrimoniales ya que los grupos y comunidades
expresan diferentes recreaciones, significados y valores simbólicos que les
representan al ser protagonistas de las de acciones de promoción cultural. Este hecho no es inocente, genera conciencia
común para la conservación del patrimonio (en el caso de los bienes materiales)
y fomenta los procesos de reproducción
cultural, revitalizando la memoria colectiva como dimensión inmaterial ligada a
esos bienes. Por otro lado, el acceso al patrimonio y a la información pública
sobre las gestiones patrimoniales sumadas a la participación de la ciudadanía,
entran en el ámbito de los derechos culturales, es decir, el acceso a la
cultura en condiciones de igualdad, dignidad humana y no discriminación.
Esta transversalidad que
como menciona García Canclini (1992 en Delgado, s/f), lleva de una Democracia
Cultural a una Democracia Participativa, donde “la acción se enfoca más en el
proceso que en el consumo de los productos culturales, a partir de acciones
sistemáticas que buscan intervenir en las causas estructurales de la
desigualdad económica, social y cultural, mediante la formación de capacidades
y acciones positivas en el aparato institucional y la ciudadanía para relacionarse
con los bienes culturales (no sólo los producidos por la culturas de élite),
mediante la difusión, crítica y análisis, propiciando así la coexistencia de
múltiples culturas en relaciones equitativas”.
De aquí la importancia de
diseñar políticas culturales encaminadas a propiciar la participación ciudadana
en la selección, construcción, conservación y difusión de los bienes
patrimoniales. Las prácticas y métodos participativos
deben procurar construir alternativas que integren y representen una gran mayoría
de grupos sociales. Paño Yañez (2012), destaca como claves fundamentales la
implicación no sólo de políticos y técnicos sino también de los ciudadanos con
sus aportaciones, ideas, conocimientos y construcción conjunta.
Es claro que las
políticas públicas presentan un gran desafío para los técnicos culturales
quienes deben lograr un diálogo efectivo entre los diversos grupos sociales
presentes en el territorio. Sin participación ciudadana en los procesos de
patrimonialización resulta imposible la apropiación de comunidades y grupos de
los bienes en cuestión y por lo tanto, imposibilita su capacidad de identificarse
con el patrimonio, de habitarlo y de disfrutar de ese universo simbólico.
En este sentido, para que
el patrimonio opere como referente identitario de un grupo es imprescindible “la
implementación de acciones concretas y sostenidas de participación, información
y formación ciudadanas que establezcan o refuercen el diálogo
patrimonio-comunidad, alejándolo de la sacralización y desde una visión plural
e integradora de la diversidad cultural.” (Delgado, S/f).
Es necesario que los poderes públicos
locales comprendan que los ciudadanos están directamente afectados por la
gestión de ese patrimonio y es por esto mismo que las instituciones que lo
gestionan deben dar la correcta cabida para la participación en las decisiones
y actuaciones. Implicar a la ciudadanía, brindar información
y formación sobre la temática patrimonial, transparentar las acciones llevadas
a cabo desde lo institucional, fomentar la participación y definirla se vuelven
cada vez más necesarias para despojar al patrimonio de su halo sacro y
construirlo como referente identitario reconstruyendo lazos con la comunidad
para que puedan reconocerse todos los grupos sociales, generando conciencia
social de conservación, difusión y de transmisión, propiciando el diálogo y la
coexistencia de diversos grupos y comunidades que se relacionan en un mismo
territorio con esos bienes patrimoniales.
3. Un cierre abriente
En este post pretendí
visibilizar gestiones que por desconocimiento, falta de recursos y formación en
la temática, o en el peor de los casos, falta de voluntad política, abordan la
gestión patrimonial desde la verticalidad sin generar una planificación y diseño
de políticas públicas participativas encaminadas a tratar el patrimonio de forma
integral, sustentable y sostenible en el tiempo con independencia de cada poder
de turno.
En este sentido, coincido con lo que señala Delgado
(s/f) que se podrían tomar medidas que rompan el aislamiento entre los
tomadores de decisiones e integrar en el tratamiento patrimonial a equipos
multidisciplinarios que propongan nuevas estructuras teóricas, métodos de
investigación y modos de práctica, trabajando en un contexto de aplicación; ampliar
el acervo patrimonial incorporando otros bienes que permitan el reconocimiento
de diferentes grupos sociales y la reconstrucción de lazos comunitarios; implementar
políticas culturales activas que fortalezcan el diálogo patrimonio-identidad; y
abordar los proyectos para que generan desde el inicio información y formación
ciudadana consolidando un marco cooperación e intercambio de saberes con la
propia comunidad, ya que el patrimonio no puede ser valorado, cuidado,
apropiado ni habitado sin democratización.
En
la próxima entrada cumpliré mi promesa, pero por ahora me despido y como
siempre, nos volvemos a encontrar en ViviendoPatrimonio.
¡Hasta
pronto!
Lhur
REFERENCIAS
Delgado, A. O. (s/f). El patrimonio como recurso
territorial para el desarrollo. Oportunidad y Desafío.
García Canclini, N. (1999). Los usos sociales del
patrimonio cultural. En: Aguilar Criado, E. (Coord.). Patrimonio etnológico.
Nuevas perspectivas de estudio. (Pp. 16- 33). Granada: Consejería de cultura,
Junta de Andalucía.
Paño Yañez, P. (2012). Gestión del patrimonio cultural
y participación ciudadana. Presupuestos participativos como ejemplo de decisión
y gestión compartida del patrimonio cultural entre instituciones públicas y
ciudadanía. Treballs d’Arqueologia, 2012, núm. 18, p. 99-123. Disponible en: https://ddd.uab.cat/pub/tda/tda_a2012n18/tda_a2012n18p99.pdf
Prats, L. (2000). El concepto de Patrimonio Cultural.
Cuadernos de Antropología Social. (11), 115-135.
Rosas Mantecón, A. (1998). Presentación. Alteridades,
(16), 3- 9. Disponible en: http://alteridades.izt.uam.mx/index.php/Alte/article/view/470/469
Rosas Mantecón, A. (2000). La monumentalización del patrimonio: políticas de conservación y representaciones del espacio en el centro histórico. Cuadernos de Antropología Social, 11. Disponible en: http://revistascientificas.filo.uba.ar/index.php/CAS/article/view/4711



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